El tema que tratará
este artículo es lo relacionado con la confesión de los pecados al sacerdote.
La Justificación
católica a este pasaje es el texto que se encuentra en San Juan 20:23 que dice
en la segunda parte: "a quienes perdonéis los pecados les son
perdonados y a quienes se los retengáis les son retenidos".
Hay un pasaje
paralelo en el Evangelio según San Lucas que es paralelo al de San Juan cap.
20.
SAN LUCAS 24:
1
El primer día de la
semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas
que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.
2
Y hallaron removida la
piedra del sepulcro;
3
y entrando, no hallaron
el cuerpo del Señor Jesús
.
4
Aconteció que estando
ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con
vestiduras resplandecientes;
5
y como tuvieron temor, y
bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los
muertos al que vive?
6
No está aquí, sino que
ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea,
7
diciendo: Es necesario
que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que
sea crucificado, y resucite al tercer día.
8
Entonces ellas se
acordaron de sus palabras,
9
y volviendo del sepulcro,
dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás.
10
Eran María Magdalena, y
Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron
estas cosas a los apóstoles.
11
Mas a ellos les parecían
locura las palabras de ellas, y no las creían.
12
Pero levantándose Pedro,
corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue
a casa maravillándose de lo que había sucedido.
13
Y he aquí, dos de ellos
iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios
de Jerusalén.
14
E iban hablando entre sí
de todas aquellas cosas que habían acontecido.
15
Sucedió que mientras
hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con
ellos.
16
Mas los ojos de ellos
estaban velados, para que no le conociesen.
17
Y les dijo: ¿Qué pláticas
son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis
tristes?
18
Respondiendo uno de
ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en
Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?
19
Entonces él les dijo: ¿Qué
cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta,
poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;
20
y cómo le entregaron los
principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le
crucificaron.
21
Pero nosotros esperábamos
que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo
esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido.
22
Aunque también nos han
asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al
sepulcro;
23
y como no hallaron su
cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles,
quienes dijeron que él vive.
24
Y fueron algunos de los
nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a
él no le vieron.
25
Entonces él les dijo: ¡Oh
insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han
dicho!
26
¿No era necesario que el
Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
27
Y comenzando desde Moisés,
y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo
que de él decían.
28
Llegaron a la aldea
adonde iban, y él hizo como que iba más lejos.
29
Mas ellos le obligaron a
quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día
ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.
30
Y aconteció que estando
sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les
dio.
31
Entonces les fueron
abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista.
32
Y se decían el uno al
otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el
camino, y cuando nos abría las Escrituras?
33
Y levantándose en la
misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los
que estaban con ellos,
34
que decían: Ha
resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.
35
Entonces ellos
contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían
reconocido al partir el pan
.
36
Mientras ellos aún
hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a
vosotros.
37
Entonces, espantados y
atemorizados, pensaban que veían espíritu.
38
Pero él les dijo: ¿Por
qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?
39
Mirad mis manos y mis
pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni
huesos, como veis que yo tengo.
40
Y diciendo esto, les
mostró las manos y los pies.
41
Y como todavía ellos, de
gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo
de comer?
42
Entonces le dieron parte
de un pez asado, y un panal de miel.
43
Y él lo tomó, y comió
delante de ellos.
44
Y les dijo: Estas son las
palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se
cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los
profetas y en los salmos.
45
Entonces les abrió el
entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;
46
y les dijo: Así está
escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los
muertos al tercer día;
47
y que se predicase en
su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones,
comenzando desde Jerusalén.
48
Y vosotros sois testigos
de estas cosas.
49
He aquí, yo enviaré la
promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de
Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.
50
Y los sacó fuera hasta
Betania, y alzando sus manos, los bendijo.
51
Y aconteció que bendiciéndolos,
se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo.
52
Ellos, después de
haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo;
53
y estaban siempre en el
templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.
Si complementamos
este pasaje con el de Juan 20 comprendemos que el poder de perdonar pecados no
fue dirigido solamente a los apostoles, como afirma la iglesia de Roma
justificando así la práctica de confesar pecados al sacerdote.
Por lo tanto estas
palabras de Jesús no están haciendo referencia a que podamos perdonar pecados,
sino que ancunciemos en Su Nombre la remisión de pecados (Lucas 24:47)